Los riesgos psicosociales en prisión

    La sobrecarga de trabajo por la falta de personal, la falta de expectativas, el estrés laboral, el síndrome de burnout, la violencia que genera el medio penitenciario o el equilibrio insatisfactorio entre vida laboral y familiar son factores que deben tenerse en cuenta a la hora de organizar el trabajo penitenciario. Sin embargo, la Administración Penitenciaria incumple sistemáticamente la Ley de prevención de riesgos laborales desde que entró en vigor en 1995.

    13/12/2018.
    Riesgos psicosociales

    Riesgos psicosociales

    Los riesgos psicosociales están relacionados con el modo en que el trabajo penitenciario se diseña, organiza y gestiona. La consecuencia más inmediata de los riesgos psicosociales, para nuestra salud, es el estrés. A corto plazo se manifiestan unos procesos, llamamos estrés, que incluyen diversos aspectos para la salud, tanto física como mental y social.

    El estrés activa mecanismos emocionales (sentimientos de ansiedad, depresión, alineación, apatía, etc.), cognitivos (tener dificultades para acordarse de las cosas, para pensar las cosas claras, no poder concentrarse ni tomar decisiones, etc.), comportamentales (no tener ganas de hablar con nadie, ni de estar con gente, sentirse agobiado, infeliz, no poder dormir bien, comer compulsivamente, abusar del alcohol, tabaco, etc.) y fisiológicos (problemas de estómago, dolor en el pecho, tensión en los músculos, dolor de cabeza, sudoraciones, mareos, sentir falta de aire, etc.)

    Existen evidencias científicas suficientes, de la relación del estrés, con trastornos de la salud, que afectan a todos los sistemas: cardiovascular, respiratorio, inmunitario, gastrointestinal, dermatológico, endocrinológico, músculo esquelético y mental.

    El personal penitenciario, ante la materialización de los riesgos psicosociales, va a padecer una serie de efectos negativos que afectarán a un gran número de aspectos cotidianos, incidiendo no sólo en su salud física y psíquica sino también en sus relaciones sociales y familiares, con el evidente deterioro en lo profesional, cuyos efectos pueden ser la inadaptación en la relación con el entorno, en las relaciones familiares, descenso del rendimiento profesional, degradación del ambiente de trabajo, aumento de la siniestralidad laboral, entre otros.

    Desde CCOO llevamos años denunciando y exigiendo a la Administración Penitenciaria que debe proteger la salud de sus trabajadores, y lo debe de hacer conforme a lo que estipula la Ley. La Administración tiene cumplir con su obligación de evaluar los riesgos psicosociales y adoptar las medidas preventivas y de protección que sean necesarias.

    Definitivamente, los perjuicios personales y sociales a la Institución Penitenciaria son enormes cuando se materializan las consecuencias de no prevenir los riesgos psicosociales. Detrás de muchos de los incidentes que se producen en nuestros centros, entre el personal, de actuaciones profesionales fallidas o de inadaptación a las pautas organizacionales, están casos de compañeras y compañeras que padecen las consecuencias de no haberles protegido contra los riesgos psicosociales. La respuesta nunca puede ser, en estos casos, la jubilación o la sanción disciplinaria como se viene actuando hasta ahora. La respuesta es el cumplimiento de la normativa en materia de prevención de los riesgos psicosociales.

    La evaluación de riesgos psicosociales es un instrumento de gran trascendencia para los empleados públicos penitenciarios. Asimismo permite documentar científicamente aspectos que intuitivamente todos conocemos, es decir, el profundo desgaste y consecuencias que para nuestra salud tiene el trabajo dentro de las prisiones y consecuentemente nos dotará de argumentación para trabajar la inclusión de categorías de personal penitenciario dentro del catálogo de profesiones nocivas y peligrosas con la repercusión que ello tendría o como instrumento a la hora de afrontar procesos disciplinarios que guarden con conductas consecuencias del impacto nocivo de estos riesgos no prevenidos.

    El estrés, el acoso laboral y el malestar físico y psíquico que sufren muchos trabajadores y trabajadoras, son el resultado de una mala organización del trabajo y no de un problema individual, de personalidad o que responda a circunstancias personales o familiares. Por lo tanto, la prevención no debe basarse en la personalidad de los trabajadores ni en su situación social.

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